Despedida e que comece a aventura/ Despedida y que empieze la aventura

 Despedida com meus/con mis amigos.

Despedida com meus/con mis amigos.

Chegou a hora de sair da minha cidade e empreender essa viagem. A onda de sentimentos é avassaladora; por um lado, anseio do novo e do diferente, por outro, dor e saudosismo. Sair por tempo indeterminado da cidade em que vivi praticamente todos os anos de minha vida (tirando o ano em que morei no Canadá e minhas breves andanças por aí) não é qualquer coisa. Já vivi e construí tantas coisas em Curitiba, que penso que esse lugar molda uma parte de quem eu sou. Seu clima, suas poesias, o centro e suas pessoas.

 Eu e minha avó

Eu e minha avó

 Eu tomando cerveja e filosofando com amigos, no centro da cidade

Eu tomando cerveja e filosofando com amigos, no centro da cidade

Sou nostálgica e sei que muitas coisas da minha vida aqui me farão falta. A família: O zelo e a voz alta de minha mãe, as piadas que nunca entendo do meu pai, o jeito direto de minha irmã. E o que dizer da minha vó, dos nossos almoços de sexta, das noites regadas a filmes e sopa, dos nossos estudos espirituais, andanças pelos parques e risadas, muitas risadas. Os detalhes: o brinde de chá com meus parceiros de Yoga, abraçar meus cachorros na hora do almoço, ler livros deitada exprimida no banco da minha sacada, a lasanha de berinjela da Rosi, o chá das 15:00. E os amigos: piqueniques e olhar o céu na praça do Japão ou no parcão do MON, cafés em todos os cafés, passeios de bicicleta, pegar expresso de noite, tomar aquela “bera” no Bairro São Francisco, sair para dançar em bando música brasileira e latina , as fogueiras, as viagens. Nossa vou sentir muita falta dos meus amigos e de todas nossas atividades divertidas e loucas. E não podia deixar de citar a cidade em si: suas árvores coloridas em contraste com os prédios, seu verde, suas ciclo-faixas, seu clima maluco sempre em mudança. Esses traços moldam muito a maneira como me relaciono como mundo.

Por tanta magia, dói partir, mas também causa mais curiosidade. Sem Curitiba para me moldar tanto nas coisas que amo quanto na sua rotina quase permanente (se não fosse pelo clima louco), encontro um vácuo supremo, que me dará a possibilidade de ir ao encontro a quem realmente sou. Dar a chance que outros lugares, outros climas, outras pessoas me moldem (ainda mais), e que assim possa me tornar ainda mais latino-americana: cheia de cores, de músicas, de resistência. Me despeço levando Curitiba no coração mas pronta para o novo, que comece a viagem! 

 Amigos

Amigos

 Amigos

Amigos

Família

Picnics

Despedida y que empieze la aventura

Llegó la hora de salir de mi ciudad y emprender ese viaje. La ola de sentimientos es avasalladora; por un lado, ansia de nuevo y del diferente, por otro, dolor y nostalgia. Salir por tiempo indeterminado de la ciudad en que viví prácticamente todos los años de mi vida (sin contar el año que viví en Canadá y mis breves andanzas por ahí) no es cualquier cosa. Ya viví y construí tantas cosas en Curitiba, que pienso que ese lugar moldea una parte de quien soy. Su clima, sus poesías, el centro y sus personas.

 Yo y mi abuela

Yo y mi abuela

 Yo tomando una cerveza y filosofando con amigos, en el centro de mi ciudad.

Yo tomando una cerveza y filosofando con amigos, en el centro de mi ciudad.

Soy nostálgica y se que muchas cosas de mi vida aquí me harán falta. La familia: El celo y la voz alta de mi madre, los chistes que nunca comprendo de mi padre, la manera de ser directa de mi hermana. Y lo que decir de mi abuela, de nuestros almuerzos de viernes, las noches llenas de filmes y sopa, de nuestros estudios espirituales, andanzas por los parques y risas, muchas risas. Los detalles: el brindis de té con mis compañeros de Yoga,  abrazar mis perros en la hora del almuerzo, leer libros echada exprimida en el banco de mi balcón, la lasaña de berenjena de Rosi, el té de las 15:00. Y los amigos: picnics y miradas al cielo en la plaza de Japón o en el parque del MON (Museo Oscar Niemeyer), cafés en todos los cafés, paseos de bicicleta, coger “expresso” (autobús), tomar aquella “bera” (cerveza) en el Barrio San Francisco, salir para bailar en bandada música brasileña y latina, las hogueras, los viajes. Pucha, voy a echar de menos mis amigos y todas nuestras actividades divertidas y locas. Y no podría dejar de citar la ciudad en si: sus árboles coloridos en contraste con los predios, su verde, sus pasos para ciclistas, su clima loco siempre en cambio. Eses rasgos moldan mucho la manera como me relaciono con el mundo.

Por tanta magia, duele partir, pero también me causa más curiosidad. Sin Curitiba para moldarme tanto en las cosas que amo cuanto en su rutina cuasi permanente (si no fuera por el clima loco), encuentro un vacuo supremo que me dará la posibilidad de ir al encuentro a quien realmente soy. Dar la chance que otros lugares, otros climas, otras personas me moldeen (aún más), y que así pueda transformarme aún más latinoamericana: llena de colores, de músicas, de resistencia. Me despido llevando Curitiba en el corazón pero lista para el nuevo, que empecé el viaje!