Diario #11 - ECUADOR: a lo original / Diário #11 -EQUADOR : ao original

En Piura, norte de Perú, compré mi espacio en un bus directo a Cuenca; que viajaría toda la noche, dejándome en mi primer destino en Ecuador. Como siempre evito quedarme en ciudades de frontera, me pareció ideal ese itinerario directo. Después de unas horas esperando, llego el bus y los otros pasajeros que viajarían; la mayoría extranjera, pero al toque, descubrí quienes eran los ecuatorianos; habían tres – dos chicas con sombreros de tejido, con un formato distinto y un chico con pelo largo y  preso, cargando un cactus, que indudablemente, era un San Pedro (planta espiritual y alucinógena). Por más que sería mi primera vez en el país, en mi intuición latinoamericana, sentí un aire ecuatoriano en ellos y no estaba equivocada; empezaba a descubrir un poco de la gente de esa nación. Al llegar al puesto de frontera, el primer problema bien latinoamericano: corrupción. Después de estar cuasi dos horas en la línea, cuando yo recibía mi sello de entrada al país, aun faltando para unos diez compañeros del bus además de una línea gigante con otras personas, llego gente de un bus de otra compañía que tuvo el permiso de pasar delante de todos.  Yo no confronté a los guardias, pero me quede diciendo a los pasajeros que eso estaba malo, conté a los conductores del bus, que tomaron así una providencia, pero no sé qué dio, ya estaba afuera, pero si que fue un absurdo.  

Llegue a Cuenca el domingo bien temprano. Encontrando un hostal dormí un poco y a la hora del almuerzo me fui a comprar cosas en el mercado. En sus dos esquinas habían inciensos de esos de iglesia balanzados en el aire por brujos, y un montón de gente vendiendo alimentos.   Entre adentro; me atendió una cholita que al revés de tener un sombrero, tenía una gorra como la de los raperos norteamericanos; y me pareció alternativo y originario, a la vez. Descanse este día, conocí a una pareja argentina que se hicieron mis amigos ytocaban guitarra y violín por las calles cuencanas y ya pude tener un panorama del centro.

 El otro día fui a conocer mi host en couchsurfing, el inteligente Carlos, lo cual me dejó quedar en su habitación mientras se fue de viaje, así pude conocer a su familia linda, que me recibió de la mejor manera posible, sin ni siquiera conocerme. Durante esos días, camine por una Cuenca de piedras, construcciones hermosas hasta que me encontré con un conocimiento nuevo y antiguo, adentro del museo Pumapungo, donde tuve que(quise jeje)  ir varias veces, encontré la biblioteca y allá descubrí misteriosamente la historia de los indios Cañari, uno de los pueblos que más resistió al imperio incaico en los andes.  Cual no fue la sorpresa después de leer durante toda la tarde, que unos de los sitios arqueológicos donde ellos vivieron, estaba detrás del museo, fue corriendo hacia allá y me encantó. Cuenca, después de conquistada, era la segunda capital del imperio incaico y allá, diferentemente de Cuzco, Huascar era el héroe y Atahualpa el villano; increíble como son las cosas. Ahí entendí porque me sentí tan confortable en esa ciudad, siempre fui una adicta al tawatisuyu, pese su imperialismo.

En la semana que quede en Cuenca, di un taller en el centro cultural La Komuna, conocí museos increíbles, probé sus panes (que son los mejores del mundo, con cebolla, chocolate o cualquier otra cosa) y los dulces típicos de corpus christi; y obvio que me sorprendí por la gente; de hecho creo que la ciudad me quería recibir por más tiempo, porque perdí mi bus y tuve que quedar más una noche, en compañía de mi nueva amiga Joy, que me recibió por un día, tan dulce e inteligente, junto con su papá, una persona de buena charla y conocimiento.  Me invitaron a cenar choclo con yapingachos (masitas de papá rellenas y fritas), riquísimo!

Tome el bus a Quito, de sur a norte del país, me tardó todo el día (ya que había perdido el otro bus), pero fue lindo ver como cambiaban los paisajes; y que los cerros de Ecuador son distintos a todos lo que había visto, cargando más un aire mágico, más alto, más lejano pero poniéndome más cerca de otros cerros andinos.

 Llegue por la noche, me buscó Manuela, una amiga que había hecho en Curitiba dos años antes, puedo decir que mejor que reencontrarla, la pude conocer bien, pues solo nos habíamos visto una vez; pero ella me recibió en su casa y me presentó mucho su país. Puedo decir que fue una de las amistades más importantes que he cultivado en mi viaje, una de las pocas que tuve ganas de llorar al despedirme. Con ella camine por las calles, aprendí sobre la historia de las iglesias, de los museos, del país, además de reírnos todo el tiempo, bailar y emborracharse algunas veces a base de caña y mucha salsa. Una historiadora fuerte y en constante lucha para crear Latino América libre.  Con ella, vino su hermana, otra mujer fuerte que me enseño mucho de las poblaciones originarias del país y que brillaba sus ojos cada vez q me contaba, y si no fuera suficiente, sus padres, una pareja de gente trabajadora y honesta, llenos de historias y transformando realidades con sus coloridos títeres. 

Con todo ese suporte Quito fue una avalancha de informaciones. Todo empieza por la energía. No lo sé explicar, pero para una capital, Quito tiene una energía lejana de pasado cósmico. Debe ser porque allá se encuentra la mitad del mundo. Lugar donde cambia la órbita de todo. Sentí eso todos los momentos, pero no me sentía melancólica o triste, pero si llena de momentos de risa y acción. Es una mezcla loca. En el centro, se puede encontrar un montón de gente, haciendo de todo. Vendiendo comida (tortillas, emapanada de yuca etc), muchas señoras indígenas con sus faldas, zapatos y estampas,  unos señores tocando pasillos (estilo musical) intensamente, gringos conociendo la historia, hombres machistas, parejas enamoradas, policías y prostitutas, obligadas a quedarse solo en una ubicación del centro. Desde allá, se ve la gran estatua de  la virgen de Quito, arriba en uno de los cerros. Allá la ciudad y todos sus habitantes se ubican por norte, sur, leste, oeste; yo no aprendí a ubicarme así, entonces obviamente me perdí un par de veces, lo que me genero risas más que enfado.

Esperaba con entusiasmo el Inti Raymi, también llamado Solsticio de Verano, el año nuevo de muchos pueblos originarios de Sudamérica.   Quería una experiencia espiritual y de renovación, después de haber vivido tantas cosas. Pero no logre alcanzar esa perspectiva; quizá por no saber tanto de la cultura de esa celebración o no estar vinculada con algún pueblo originario; eso no quiere decir que no logre nada, al contrario. He participado de tres celebraciones, dos en Quito y una en Cotacachi. En la capital participe de la primera celebración, por casualidad en la calle, empezando a bailar en ronda con distintas personas en sus trajes originarios que cargaban una estructura llena de frutas y pan de ofrenda a la tierra. Ese grupo siguió su trayectoria hacia la CONADE - Consejo de Desarrollo de las Nacionalidades y Pueblos del Ecuador, donde después de bailar, nos invitaron (mismo “intrusos”) al Pamba Mesa; un compartir de comida entre todos. Había habas, queso, carne, cholo y papas, además de un disputadísimo pote de ají bien picante. Más tarde ese día, también con pueblos originarios, en una casita, seguimos zapateando, ahí en un vaso nos ofrecían cerveza para tomar sentados o hasta mismo bailando. Me emocionó ser bien recibida y testimoniar gentes del pueblo Swar compartir con Quichuas.

Dos días después me fui a Cotacachi con Manuela. Como no llegamos el primer día de celebración perdimos los baños en las lagunas, lo que parecía ser la parte espiritual del ritual. Sin embargo, presenciamos una fiesta increíble y distinta de todo lo que yo había presenciado en mi vida. Era noche de chicos (mayoristamente), pero logramos participar. Junto con Patrick, cenamos en su casa, donde su mamá, una señora chiquita y muy linda, preparaba cuy y choclo con mucho amor, nos contando sobre su vida y prácticas cotidianas. Después fuimos a la fiesta. Había chicos vestidos con ropa de militares, con unos sombreros grandes y puntiagudos con cruces antiguas representando a los españoles y también pantalones hechos de pelos de oveja,   ellos seguían por su barrio, de calle en calle, marchando en rondas, zapateando y emanando los gritos del baile. Su objetivo era llegar a la plaza principal, pasando por casas donde nos daban de tomar (chicha ypunto – un trago de caña) y comer (papas y otras cosas). Nos pedían para no ir a buscar gente de otros barrios, porque siempre pasaban peleas en la fiesta. Así que seguimos allá hasta quedar muy tarde y fuimos a dormir en la casa de la hermana de Patrick, una señora que vivió muchos años en España, para poder construir su hermosa casa, a la cual tuvimos la chance de quedarnos. En la mañana nos recibió con un desayuno bien rico y muchas historias. ¡La llevo en mi corazón!   El Inti Raymi fue la última fiesta popular que he participado en esta etapa del viaje que duró seis meses.  Mientras zapateaba y tomaba, me sentía parte de la tierra, mismo sabiendo que aquél no era mi pueblo, así como la celebración de la Pachamama que presencié en Febrero en Argentina, pero me di el derecho de participar con toda mi fuerza, pues me sentía conectada con aquella música y aquel propósito. Zapatee como si lo hubiera hecho toda mi vida, misteriosamente mi cuerpo sabía hacerlo.  Y lo acepté y lo celebré de la mejor manera que pude.

El otro día me fui de Ecuador; con tremendas ganas de quedarme más, pero no podía. Cuando pienso lo que pude absorver, lo primero que me viene es originalidad. En la manera de hablar español desde “verás” y “de ley”, las hermosas vestimentas, los chicos de pelo largo y los ricos alimentos libres de influencia transgénica.

 Será un asunto pendiente volver en algún momento, y conocer la selva y la costa, y tantos otros pueblos.  Pero ya que me tocó ir, me fui nostálgica de todas las ciudades por las cuales he pasado. Cuenca, Quito, Otavalo y Cotacachi. No sé si era mi corazón feliz por conocer algo totalmente nuevo o si significaba algo más, lo que mi consciente nunca podrá entender.  

Diário#11 – EQUADOR: Ao original.

Em Piura, norte do Peru, comprei meu lugar em um ônibus direto a Cuenca;  que viajaria toda a noite, me deixando no meu primeiro destino no Equador. Como sempre evito ficar nas cidades de fronteira, assim me pareceu ideal esse itinerário direto. Despois de umas horas esperando, chegou o ônibus e os outros passageiros que viajariam; a maioria estrangeira, mas só de olhar, descobri quem eram os equatorianos; haviam três - duas mulheres com chapéus de tecido, com um formato diferente e um homem com cabelo comprido preso e carreganto um cactus, que sem dúvida era um São Pedro (planta espiritual e alucinógena). Por mais que seria minha primeira vez no país, na minha intuição latino-americana, senti um ar equatoriano neles e não estava erra; começava a descobrir um pouco das pessoas dessa nação. Ao chegar na fronteira o primeiroproblema bem latino-americano: a corrupção. Depois de estar quase duas horas na fila, quando eu recebia minha estampa de entrada ao país, ainda faltando para uns dez companheiros do ônibus além de uma fila gigante com outras personas, chegou gente de um ônibus de outra companhia que teve a permissão de passar na frente de todos. Eu não confrontei os funcionários de imigração, mas fiquei falando aos passageiros que aquilo estava mal, contei aos motorista do ônibus que foram tomar uma providência, não sei o que deu, já estava lá fora, mas sim que foi um absurdo.

Cheguei a Cuenca domingo bem cedo. Encontrando um hostel, dormi um pouco e na hora do almoço fui comprar coisas no mercado. Nas suas duas esquinas, havia incensos desses de igreja sendo balançados no ar por xamãs, e um monte de gente vendendo alimentos. Entrei dentro; me atendeu uma “cholita” que ao invés de ter um chapéus, tinha um boné desses de rapers norte-americanos; e me pareceu alternativo e indígena ao mesmo tempo.Descansei esse dia, conheci a um casal argentino que se tornaram meus amigos e tocavam guitarra e violino pelas ruas cuencanas e também já pude ter um panorama do centro.

                O outro dia fui conheceu meu host no Couchsurfing, o inteligente Carlos, que me deixou ficar no seu quarto enquanto foi viajar, e assim pude conhecer sua linda família que me recebeu da melhor maneira possível, sem sequer me conhecer. Durante esses dias, caminhei por uma Cuenca de pedras, construções lindas, até que me encontrei com um conhecimento novo e antigo, dentro do museu Pumapungo, onde tive que (quis) ir várias vezes, encontrei a biblioteca e lá misteriosamente descobri a história dos índios Cañari, um dos povos que mais resistiu ao império incaico nos andes. Qual não foi a surpresa depois de ler durante toda a tarde, que um dos sítios arqueológicos onde eles viveram, estava atrás do museu, fui correndo até lá e me encantei. Cuenca, depois de conquistada,  foi a segunda capital do império incaica e lá, diferentemente de Cuzco, Huascar era o herói e Atahualpa o vilão; incrível como são as coisas. Alí entendi porque me sentia tão confortável nessa cidade, sempre fui uma viciada no tawantisuyu, apesar de seu imperialismo.

                Na semana que fiquei em Cuenca, dei uma oficina no centro cultural La Komuna, conheci museus incríveis, provei seus pães (que são os melhores do mundo, com cebola, chocolate o qualquer outra coisa) e os doces típicos de Corpus Christi; e óbvio que me surpreendia pela gente; na realidade acho que a cidade queria me receber por mais tempo, porque perdi meu ônibus e tive que ficar mais uma noite, na companhia da minha nova amiga Joy, que me recebeu por um dia, tão doce e inteligente, junto com seu pai, uma pessoa de boa conversa e conhecimento. Convidaram-me para jantar: milho com “yapingachos” (massa de batata recheada e frita), delicioso!

Peguei o ônibus para Quito, do sul ao norte do país, demorei todo o dia, mas foi lindo ver como mudavam as paisagens e que os morros do Equador são diferentes a todos que já vi, carregando um ar mais mágico, mais alto, mais longínquo mas ao mesmo tempo, parecendo mais perto de outras montanhas andinas.

                Cheguei de noite, me buscou Manuela, uma amiga que havia feito em Curitiba dois anos antes, mas posso dizer que melhor que reencontrá-la, pude conhecê-la bem, pois só tínhamos nos visto uma vez; mas ela me recebeu na sua casa e me apresentou muito do seu país. Posso dizer que foi uma das amizades mais importantes que cultivei na minha viagem, uma das poucas que tive vontade de chorar ao me despedir. Com ela caminhei pelas ruas, aprendi sobre a história das igrejas, dos museus, do país, além de rir todo o tempo, dançar e embebedar-se algumas vezes a base de cana de açúcar e muita salsa. Uma historiadora forte e em constante luta para criar uma América Latina livre. Com ela, veio sua irmã, outra mulher forte que me ensinou muito dos povos indígenas do país e que brilhava seus olhos cada vez que me contava, e se não fosse suficiente, seus pais, um casal de gente trabalhadora e honesta, cheios de histórias e transformando realidades com seus fantoches coloridos.

                Com todo esse apoio Quito foi uma avalanche de informações. Tudo começa pela energia. Não sei explicar, mas para uma capital, Quito tem uma energia distante, de passado cósmico. Deve ser porque lá se encontra a metade do mundo. Lugar onde muda a orbita de tudo. Senti isso todo o tempo, mas não me sentia melancólica ou triste, mas sim cheia de momentos de risada e ação. É uma mistura louca. No centro, é possível encontrar um monte de gente, fazendo de tudo. Vendendo comida (tortillas, pastel de mandioca etc), muitas senhoras indígenas com suas saias, sapatos e estampas, uns senhores tocando pasillo (estilo musical) intensamente, gringos conhecendo a historia, homens machistas, casais apaixonados, policiais e prostitutas, obrigadas a ficarem sós em uma localização do centro. Desde lá, é possível ver a grande estatua da Nossa Senhora de Quito, em cima de um dos morros. Lá a cidade e todos seus habitantes se localizam pelas coordenadas ; eu não aprendia a me localizar assim, assim que obviamente me perdi algumas vezes, o que me gerou mais risadas que aborrecimento.

                Esperava com entusiasmo o Inti Raymi, também chamado Solstício de Verão, o ano novo de muitos povos indígenas na América do Sul. Queria uma experiência espiritual e de renovação, depois de ter vivido tantas coisas. Mas não pude alcançar essa perspectiva; quem sabe por não saber tanto da cultura dessa celebração ou não estar vinculada com algum povo indígena; isso não quer dizer que não consegui nada, ao contrário. Participei de três celebrações, duas em Quito e uma em Cotacachi. Na capital participei da primeira celebração, por acaso na rua, começando a dançar em roda com diferentes pessoas nos seus trajes originários que carregavam uma estrutura cheia de frutas e pão, de oferenda a terra. Esse grupo seguiu sua trajetória até a CONADE – Conselho de Desenvolvimento das Nacionalidades e Povos de Equador, onde depois de dançar, nos convidaram (mesmo penetras) ao Pamba Mesa; um compartilhar de comida entre todos. Tinha “habas”, queijo, carne, milho e batatas, além de um pote disputadíssimo de pimenta. Mais tarde nesse dia, também com povos originários, em uma casinha, seguimos sapateando, aí em um copo nos ofereciam cerveja para tomar sentados ou até mesmo dançando. Me emocionei muito por ser bem recebida e testemunhar pessoas do povo Swar compartilhando com os Quichuas.

Dois dias depois me fui a Cotacachi com Manuela. Como não chegamos o primeiro dia de celebração perdemos os banhos nas lagoas, o que parecia ser a parte espiritual do ritual. Porém, presenciamos uma festa incrível e diferente de tudo o que eu havia presenciado na minha vida. Era noite de meninos, mas conseguimos participar. Junto com Patrick, jantamos na sua casa, onde sua mãe, uma senhora pequena e muito linda, preparava porquinho da índia e milho com muito amor, nos contando sobre sua vida e práticas cotidianas. Depois fomos a festa. Havia rapazes vestidos com roupas de militares, com uns chapéus grandes e pontiagudos com cruzes antigas representando aos espanhóis e também calças cheias de pelo de ovelha, eles seguiam pelo seu bairro, de rua em rua, marchando em rodas, sapateando e emanando os gritos da dança. Seu objetivo era chegar à praça principal, passando por casas onde nos davam de beber ( “chicha” e “punto”) e comer (batatas e outras coisas). Nos pediam para não ir buscar pessoas de outros bairros, porque sempre aconteciam brigas durante a festa. Então seguimos lá até ficar muito tarde e dai fomos dormir na casa da irmã de Patrick, uma senhora que viveu muitos anos na Espanha, para poder construir sua linda casa, a qual tivemos a chance de ficar para dormir. De manhã nos recebeu com um café-da-manhã delicioso e muitas histórias. Levo ela no meu coração! O Inti Raymi foi a última festa popular que participei nessa etapa da viagem que durou seis meses. Enquanto sapateava e bebia, me sentia parte da terra, mesmo sabendo que aquele não era meu povo, assim como a celebração da Pachamama que presenciei em Fevereiro na Argentina, me dei o direito de participar com toda minha força, pos me sentia conectadas com aquela música e aquele propósito. Sapateei como se o tivesse feito toda minha vida, misteriosamente meu corpo sabia fazê-lo. E aceitei isso e o celebrei da melhor maneira que pude.

                O outro dia fui embora do Equador; com uma tremenda vontade de ficar mais, mas não podia. Quando penso no que pude absorver, a primeira coisa que me vem a cabeça é a originalidade. Na maneira de falar espanhol desde “verás e“de ley”, as lindas vestimentas, os homens de cabelo longo e os ricos alimentos livres de influência transgênica.

 

Será um assunto pendente voltar em algum momento, e conhecer a selva e a costa, e tantos outros povos. Mas já que tive que ir embora, fui nostálgica por todas as cidades que passei. Cuenca, Quito, Otavalo e Cotacachi. Não sei se foi meu coração feliz por conhecer algo totalmente novo ou se significava algo mais, que meu consciente nunca poderá entender.