Diario de Viaje #07 – ARGENTINA: El Norte y su corazón de raíz/ Diário de Viagem #07- ARGENTINA: O norte e seu coração de raíz

Al volver a viajar, por primera vez en ese proyecto tomaba un avión. Me sentí un poco rara porque había pensado hacer todo el viaje por tierra para ver como poco a poco iban cambiando los paisajes múltiplos de América. Sin embargo, la vida te direcciona por otros senderos y así llegue a Salta capital por el aire. Al sacar mis mochilas y anclar mis pies en la tierra, saliendo del aeropuerto, volví a sentir aquella magia, conocida en algún lado – pues el patio del aeropuerto estaba rondado de valles y la noche empezaba a aparecer. Al revés de me acongojar como lo hacía al comienzo del viaje al ver la obscuridad, me acuerdo de haber sentido una emoción profunda, estaba lista para volver a explorar y trabajar desde los recónditos de nuestra tierra, por fin lograba el sueño de llegar al norte argentino.

Salta me dio hartas calles para caminar, verde y muchas, muchas construcciones coloniales para brillar los ojos.  Allí se contempla cual fue la obra (e imposición) de los españoles en periodo colonial. Las cosas tienen un precio medio caro, pero no es sin sentido que la llaman: Salta, la linda. Es hermosa, es histórica, es artística. Diría también religiosa. Había tiempos que no veía una iglesia tan llena como la que presencie ahí, además de un santuario muy conocido arriba de una montaña. En Salta también tuve una experiencia  muy fuerte, conocí las momias de los niños de Llullaillaco. No pude sacar fotos para mostrarles, pero pueden buscar para conocer. Fue un testigo de que el imperio inca, de verdad, existió. Pero también me pareció un absurdo haber puesto alli las momias, pues la sacaron de un lugar sagrado. Igual para mi lo más lindo fue que allá toque en un evento llamado Pollera y Pantalón, invitada por la brillante Ana, que me ayudo tanto en esa ciudad. Fue una emoción tan pronto hacer alguna acción del proyecto y pasar el mensaje adelante. Unos músicos muy buenos me acompañaran y tuve la chance de interpretar “Duerme Negrito” con una chica de voz dulce y composiciones decididas: Valen Taina. Además de haber conocido la “Casa del Molino”, aprendido con Marta y Julio, mucho sobre el folclor salteño desde Leguizamon a Felú, todo acompañado por la deliciosa cerveza: “La Salta Negra”. Esos momentos bohemios y musicales eran una señal de todo lo que pasaría en el norte.

Con esa introducción a la región, viaje a Tucuman. Era más al sur, cuasi como desviar mi camino, pero quizá fue allá donde empecé a ubicarme. No podría dejar de conocer a la tierra de Mercedes Sosa, la mujer que además de haberme presentado a las composiciones de tantos distintos artistas del continente, fue la responsable por mi transición de la música pop a la popular. Una ídola! No logré encontrar mucho sobre ella, además de una sala en el museo folclórico y cuentos que venían de la gente. Pero encontré mucho más de lo que esperaba. Hice couchsurfing y me quedé en la casa de dos chicos, que seguro, voy a llevar la amistad por toda mi vida. Agustín y Miguel. Dos músicos, dos amigos y con seguridad, dos agitadores culturales de la ciudad (o de todo el norte jaja).Viven en un edificio con dos departamentos y una oficina de turismo. Denominan su casa: LCP – La Casa Perjudicante. Porque? Pues es imposible pasar por ella y no ser “perjudicado”, en el mejor termino posible.  En cinco días, me perjudicaran la vida. Me presentaron historias de su cultura y música folclórica de todo el norte, también mutuamente intercambiamos filosofías de vida, quien éramos, a donde queríamos llegar y la posibilidad de dejar nuestra huella en el mundo. Me sentí tan feliz esa semana, tan llena de amor y aprendizaje. Me trataron como una hermana menor, me sentí en casa y en familia porque junto con esa energía de ellos, conocí a muchas, muchas personas, algunas que en pocos días también ganaron un espacio en mi corazón, y con todo ese grupo, mucho arte y cuasi nada de dormir. Salíamos al bar Managua, y a otros lugares para escuchar música, pero claro, los mejores eventos eran en LCP. Gastronomia, vinito con guitarra y mucha, mucha charla. Incluso en ese ambiente realizamos el primer taller del año, que dio a la muestra la visión amplia que los argentinos pueden llegar a tener de LatinoAmérica. A las 6 de la mañana del 9 de Febrero me direccionaba con Agustin y Miguel a Humahuaca, junto con la banda: Los Zurcos y así dejé a Tucuman, con la nostalgia de haber vivido meses allá, que de hecho fueron solo cinco días.  

En Jujuy provincial quería realizar un sueño: participar de un Carnaval Andino. Podría decir que carnavalee todos los días, tomé mucho, tire espuma para todos lados, bailé y me divertí. Pero no. No voy a mentir. Sí, que hice un poco de todo eso, pero hay que ser muy de fiesta para aguantar los nueve días de carnaval enteros. Además que en Humahuaca fui a trabajar en un hostal lindo llamado La Antigua, así que dividí mi energía y tiempo, lo máximo que pude, entonces preferí no aprovechar el carnaval al máximo.

  Mismo así fue una experiencia antropológica, un mundo nuevo. En el Carnaval desentierran el diablo, que es una figura muy carismática, pero además es un pasaporte para la fiesta, joda, incluso amor libre. Dicen que esa tradición deja muchos hijos. Salía un poco todos los días para seguir una comparsa, y mi momento favorito fue cuando en la comparsa unión, un chico de Salta: Franco, me enseñó a bailar todos los estilos que se toca en el carnaval: Chacarera, Bailecito, Carnavalito, Sacha, Tinku, entre otros. Una mezcla de música indígena con música criolla. Como me divertí y como me resultó seductor el baile con pañuelo o con las manos al alto. En último día de carnaval, los diablitos piden donación de comida para la Pachamama, que es toda entregada en el nuevo entierro del diablo. Yo tuve la chance de participar de una celebración y realmente parecía que se estaba enterrando a alguien. De cualquier manera, lo más lindo para mi es el respecto y la conexión con la Pachamama. Junto con un chico pude hacer la ofrenda final a la madre en un mojon/apacheta; desde un hueco tiramos coca, alcohol y papel picado a la Pacha.  Me emocioné y por más que fue difícil aguantar tantos días de caos, valió la pena con todo mi alma.

El norte es distinto después que pasa el carnaval, hay tranquilidad, pero también fue la primera vez que me sentí   juzgada por ser extranjera y también evadida por ser mujer (mucho machismo). Para el primero, la gente allá tiene sus motivos, porque además de sufrieren prejuicio por parte de la Argentina blanca y estereotipada, constantemente intentan evadir su área.  Ese es el dilema del norte. Tardé a comprenderlo, pero después de recorrerlo harto, lo entendí. Agradezco al hermano Miguel, del Hostal Otro Mundo, que me fue, poco a poco, abriendo la puerta de la Quebrada. Los norteños luchan constantemente para mantener su riqueza y su historia. Luchan contra las minerías, contra el título de Patrimonio Histórico de la Humanidad, que al revés de ayudarlos les enredó en precios altos, y principalmente, luchan contra la falta de comprensión de la gente sobre su cultura. Un símbolo de esa lucha es el joven Pato Condori, que murió asesinado por policías que ayudaban a una invasión supuestamente promulgada por Milagro Salas (que es otro personaje importante del norte). 

Fue un mes duro pero también lleno de música, amigos, bohemia y paseos a los cerros. Nunca toqué tanta música, pero también nuevamente, tuve contacto con la dureza y dolor latinoamericano. Mi bálsamo era subir al antigal, cerro donde se encontraban muchos pedacitos de cerámica de pueblos originarios antiguos; allí reposaba el corazón de piedra, símbolo del proyecto, y rescataba el sentido de lo que hago. Con el tiempo las cosas fueron encajándose. Logré hacer dos presentaciones musicales en el bar Aycito y también un taller para niños de la escuela normal, que cuasi me hizo llorar.   

Después de un mes y medio en el norte argentino, llegaba la hora de partir. Como crecí en estos días! No fue de todo una experiencia fácil. Por el machismo, por ser vegetariana y no encontrar tanta variedad, por ser “medio” blanca. Pero la verdad es que el folclor de esa región, aliado a los changos y changas (chicos en el idioma norteño) tan amorosas e inteligentes, aprendí mucho y al cruzar el rio en la frontera de La Quiaca a Villazón – Bolivia, escuché desde el corazón la canción de Atahualpa Yupanqui: “Tú que puedes, vuélvete. Me dijo el rio llorando. Los Cerros que tanto quieres me dijo allá te están esperando”. Ojalá que me esperen, porque un día volveré.

 

 

Diário #07 - ARGENTINA: O norte e seu coração de raíz

Ao voltar a viajar, pela primeira vez nesse projeto pegava um avião. Me senti um pouco estranha porque havia pensado fazer toda a viagem por terra para ver como, pouco a pouco, iam mudando as paisagens múltiplas da América. Porém, a vida te direciona por outros caminhos e assim cheguei a Salta capital por ar. Ao tirar minhas mochilas e fincar meus pés na terra, saindo do aeroporto, voltei a sentir aquela magia, conhecia em algum lado, pois o pátio do aeroporto estava rodeado de vales e a noite começava a aparecer. Em vez de me angustiar como fazia no começo da viagem ao ver a escuridão, lembro de ter sentido uma emoção profunda, estava pronta para voltar a explorar e trabalhar desde os recônditos da nossa terra, por fim alcançava o sonho de chegar ao norte argentino.

Salta me deu muitas ruas para caminhar, verde e muitas, muitas construções coloniais para brilhar os olhos. Lá contemplei qual foi a obra (e imposição) dos espanhóis em período colonial. As coisas tem um preço meio caro, mas não é sem sentido que a chamam: Salta, a linda. É linda, é histórica, é artística. Diria também religiosa. Fazia tempos que não via uma igreja tão cheia como a que presenciei aí, além de um santuário muito conhecido acima de uma montanha. Em Salta também tive uma experiência muito forte, conheci as múmias das crianças de Llullaillaco. Não pude tirar fotos para lhes mostrar, mas podem buscar para conhecer. Foi uma prova de que o império inca, de verdade, existiu.

Mas também achei um absurdo estarem alí as múmias, pois as tiraram de um lugar sagrado. Igual para mim o mais lindo foi que lá toquei em um evento chamado: “Pollera y Pantalón”, convidada pela brilhante Ana, que me ajudou tanto nessa cidade. Foi uma emoção tão rápido fazer alguma ação do projeto e passar a mensagem adiante. Uns músicos muito bons me acompanharam e tive a chance de interpretar “Duerme Negrito” com uma mulher de voz doce e composições decididas: Valen Taina. Além de ter conhecido a “Casa del Molino”, aprendido com Marta e Julio, muito sobre o folclore de Salta, desde Leguizamon a Felú, tudo acompanhado pela deliciosa cerveja: “La Salta Negra”. Esses momentos boêmios e musicais eram um sinal de tudo o que passaria no norte.

Com essa introdução a região, viajei a Tucumán. Era mais ao sul, quase como desviar meu caminho, mas talvez foi lá onde comecei a me localizar. Não podia deixar de conhecer a terra de Mercedes Sosa, a mulher que além de ter me apresentado composições de tantos diferentes artistas do continente, foi a responsável pela minha transição da música pop a música popular. Uma ídola! Não consegui encontrar muito sobre ela, além de uma sala no museu folclórico e contos que vinham das pessoas. Mas encontrei muito mais do que esperava. Fiz couchsurfing e fiquei na casa de dois rapazes, que com certeza, vou levar a amizade por toda a minha vida. Agustin e Miguel. Dois músicos, dois amigos e com certeza, dois agitadores culturais da cidade (ou de todo o norte).

Vivem em um prédio com dois apartamentos e um escritório de turismo. Denominam sua casa: “LCP – La Casa Perjudiante- A casa que prejudica” Porque? Pois é impossível passar por ela e não ser “prejudicado” no melhor termo possível. Em cinco dias, me prejudicaram a vida. Me apresentaram histórias da sua cultura e música folclórica de todo o norte, também mutuamente trocamos filosofias de vida, quem éramos, aonde queríamos chegar e a possibilidade de deixar nossa marca no mundo. Me senti tão feliz essa semana, tão cheia de amor e aprendizagem. Me trataram como uma irmã caçula, me senti em casa e em família porque junto com essa energia deles, conhecia a muitas, muitas pessoas, algumas que em poucos dias também ganharam um espaço no meu coração, e com todo esse grupo, muita arte e quase nada de dormir. Saíamos ao bar Managuá e a outros lugares para escutar música, mas claro, os melhores eventos eram na LCP. Gastronomia, vinhozinho com guitarra e muita, muita conversa. Inclusive nesse ambiente realizamos nossa primeira oficina do ano, que deu a mostra a visão ampla que os argentinos podem chegar a ter de América Latina. As 6 da manhã do 9 de Fevereiro me direcionava com Agustin e Miguel a Humahuaca, junto com a banda: Los Zurcos e assim deixei Tucuman, com a nostalgia de haver vivido meses lá, que na realidade, foram só cinco dias.

Na província de Jujuy queria realizar um sonho: participar de um Carnaval Andino. Podia dizer que festei todos os dias, bebi muito, joguei espuma para todos os lados, dancei e me diverti. Só que não. Não vou mentir. Sim, fiz um pouco de tudo isso, mas há que ser muito de festar para aguentar os nove dias de carnaval inteiros. Além que em Humahuaca foi a trabalhar em um hostel lindo chamado La Antigua, assim que dividi minha energia e tempo, o máximo que pude, então preferi não aproveitar o carnaval ao máximo.

Mesmo assim foi uma experiência antropológica, um mundo novo. No Carnaval desenterraram o diabo, que é uma figura muito carismática, mas além disso é um passaporte para a festa, brincar, inclusive ao amor livre. Dizem que essa tradição deixa muitos filhos. Saía um pouco todos os dias para seguir uma comparsa, e meu momento favorito foi quando na “comparsa unión”, um rapaz de Salta: Franco, me ensinou a dançar todos os estilos que se escutam no carnaval: Chacarera, Bailecito, Carnavalito, Sacha, Tinku, entre outros. Uma mistura de música indígena com música de influência espanhola. Como me diverti e como me pareceu sedutor a dança com pano ou com as mãos ao alto. No último dia do carnaval, os diabinhos pedem doação de comida para a Pachamama, que é toda entregada no novo enterro do diabo.

Eu tive a chance de participar de uma celebração e realmente parecia que estavam enterrando a alguém. De qualquer maneira, o mais lindo para mim é o respeito e a conexão com a Pachamama (mãe terra). Junto com um menino pude fazer a oferenda final à mãe em uma apacheta (monte de pedras): desde um buraco jogamos coca, álcool e serpentina para a Pacha. Me emocionei e por mais que foi difícil aguentar tantos dias de caos, valeu a pena com toda a minha alma.

O norte é diferente depois que passa o carnaval, há tranquilidade, mas também foi a primeira vez que me senti julgada por ser estrangeira e também invadida por ser mulher (muito machismo). Em relação ao primeiro aspecto, as pessoas de lá tem seus motivos, porque além de sofrerem prejuízo por parte da Argentina branca e estereotipada, constantemente tentam invadir sua área. Esse é o dilema do norte. Demorei para compreendê-lo, mas depois de percorrê-lo muito, o entendi. Agradeço ao irmão Miguel, do hostel Outro Mundo, que foi, pouco a pouco, me abrindo a porta da Quebrada. Os nortenhos lutam constantemente para manter sua riqueza e sua historia. Lutam contra as minas, contra o título de Patrimônio Histórico da Humanidade, que em vezes de lhes ajudar lhes destinou preços altos, e principalmente, lutam contra a falta de compreensão da gente sobre sua cultura. Um símbolo dessa luta é o jovem Pato Condori, que morreu assassinado por policiais que ajudavam a uma invasão supostamente promulgada por Milagro Salas (que é outro personagem importante do norte).

Foi um mês duro, mas também cheio de música, amigos, boêmia e passeios as montanhas. Nunca toquei tanta música, mas também novamente, tive contato com a dureza e dor latino-americana. Meu bálsamo era subir ao “antigal”, montanha onde se encontravam muitos pedaços de cerâmica de povos originários antigos; aí repousava o coração de pedra, símbolo do projeto, e resgatava o sentido do que faço. Com o tempo as coisas foram se encaixando. Consegui fazer duas apresentações musicais no bar Aycito e também uma oficina para crianças da escola normal, que quase me fez chorar.

Depois de um mês e meio no norte argentino, chegava a hora de partir. Como cresci nesses dias! Não foi sempre uma experiência fácil. Pelo machismo, por ser vegetariana e não encontrar tanta variedade, por ser “meio” branca. Mas a verdade é que o folclore dessa região, aliado aos “changos”y “changas”(rapazes e moças no idioma nortenho) tão amorosas e inteligentes, aprendi muito e ao cruzar o rio na fronteira de La Quiaca a Villazón – Bolívia, escutei desde o coração a canção de Atahualpa Yupanqui: “Tú que puedes, vuélvete. Me dijo el rio llorando. Los Cerros que tanto quieres me dijo allá te están esperando”. ( “Você que pode, volta. Me disse o rio chorando. As montanhas que você tanto ama me disseram que lá te estão esperando”). Tomara que me esperem, porque um dia voltarei.