Diario de Viaje # 8 – BOLIVIA: No tenemos miedo, carajo. / Diario de Viagem #8 - Não temos medo, caramba.

Yo soñé tanto con venirme a Bolivia. Encaraba ese país tan potente culturalmente como el corazón de la América, un lugar profundo por ser el guardián de múltiples culturas originarias. Pero ni todo en los viajes son fáciles. Ni todo es lindo o feliz, pero sí que es REAL, y si yo encaraba Bolivia como potente no podría esperar una experiencia distinta. Por fin me pude preguntar cuál es la condición del corazón de América.

Los antecedentes no fueron fáciles. Mi última semana en Argentina fue muy linda y llena de despedidas, pero también con un episodio desagradable (prefiero no hablar sobre eso) que me dejó súper mal y asustada, en relación a mi viaje y a mi existencia. Además que mucha gente empezó a llenarme de miedo en relación al país que iba a visitar. “No llegues a Villazon por la noche porque te robarán”, “Yo conozco turistas que perdieran todas sus cosas”, “Eres chica y blanca, sola, estás loca?, mucho cuidado!”.

Mismo así tomé mi corazón latinoamericano, mis pies de caminante, mi piel viajera y me fui. Llegué temprano a La Quiaca acompañada de dos argentinos, por eso estaba tranquila, pues uno me dijo que iría a Potosí conmigo, pero de pronto decidió irse a Uyuni. Sabía que estaría sola. Mismo así, aún estaba todo bien, pues habían ómnibus para Potosí temprano. Lo agarré a las 14, confiante que llegaría allá a las 19, 20 de la noche, horario seguro para encontrar un hospedaje.

Me sentía emocionada y olvidada por un tiempo del miedo. Los cerros fantásticos y la ruta me llenaban de asombro positivo, no podía creer en lo que vía, los paisajes son fantásticos – parecen de otro mundo- también hice una amiga y estaba yendo muy bien, sin embargo, mi intuición me señalaba algo, yo lo presentía. 

 

Así fue que por vuelta de las 16, unos kilómetros arriba de Tupiza, el ómnibus paró. Las cholitas (señoras de pollera, sombrero, que para mí son la figura más fascinante del país), se enfurecieron y bajaron del ómnibus. Mi amiga me encorajó para ir con ella, a ver qué estaba pasando. Por ser extranjera, no lleve cámara y fui muy cautelosa, pero no pude dejar de participar. Las cholitas seguían adelante gritando en dirección a manifestantes que estaban bloqueando la ruta con piedras y tierra. Al llegar al medio del camino, del otro lado echaron dinamitas al aire. Muchas pararon, otras continuaron a correr en dirección al conflicto. Hombres corrían entre los cerros, cerrando los caminos alternativos. Hubo confrotamiento, detención de policías, organización de las personas de los buses para pelear, pero no tuvo manera. Terminamos en el bus, yo sola en mi silla, pues mi amiga se fue caminando con su pesado equipaje a encontrar su guagua (beba en quechua) en la casa de su madre, unos km de allá.

Ahí sentí el miedo, la combinación de cosas que me estaban pasado por el camino. Saque mi Japamala de oraciones y empecé a rezar mi kaballah y otras oraciones. Pocas veces me he sentido tan desolada en el viaje y en la vida. Después de unos minutos rezando sentí la energía positiva me dominando. Ya era de noche. La gente del bus empezó a distribuir comida. Yo no pedí nada por ser vegetariana, pero una señora linda me regaló una huminta. Yo empecé a rezar paraquedarnos hasta la mañana allá, así no hubiera riesgo de llegar en mal horario a Potosí. Pero cuando eran las 23, los manifestantes fueran a dormir y los motoristas empezaron a romper el bloqueo, lo que tardó unos 20 minutos de avanzar y retroceder espacios y arriesgar la salud del vehículo. ¡Mieeeerrrdaaaaaaaaaaaa! Lo que no quería que pasara estaba pasando. Llegaria a Potosi por la madrugada. Por fin empecé a hablar con la gente y pedí ayuda, no muchos me llevaron enserio y unos señores incluso me pusieron miedo. Estaba perdida pero no dispuesta a desistir. Estuve de acuerdo con una señora para que fuera en taxi conmigo hasta una acomodación segura. Al final logré un lugar seguro. Tocaba el miedo de cerca.

El otro dia traté de buscar otro hospedaje más al centro y barato. Aún estaba asustada. Conoci una señora que en las hojas de coca me mostró que las cosas que eran aparentemente malas eran un teste, así entendí, la necesidad de ser fuerte en el propósito, ¿cuán grande es mi trabajo para que no desista? ¿Cuánto creo y amo ese camino para no desistir  a pesar de esas cosas desagradables?

En mi estadía boliviana,  diversos sucedidos me fueron poniendo en frente con el miedo, con los riesgos de los caminos.

 

1-Fui a conocer la minería del Cerro Rico de Potosí. Sentía bronca pues los turistas sacaban fotos con dinamitas de plástico gigantes, haciendo poses, como si el trabajo de minero fuera el más divertido y chistoso, no podía concebir dicho absurdo. Yo estaba seria y muy interesada en lo que iba a ver. Al entrar a la mina, vi los mineros trabajando arduamente, con el conocimiento, desde niños, que todos los días están arriesgando su vida, que pueden explotar la pared equivocada y morirse soterrados. ¿Hay coraje más fuerte? Ese sentimiento fue poco a poco pintando mi piel.

2-Después me fui a Quillacollo y Cochabamba. Estuve 10 días en un retiro de meditación que se llama Vipasana, todo ese tiempo sin hablar y meditando por muchas horas al dia. Ahí confronte mis demonios y corazones ypude aislarme bien de todo. Después estuve dos semanas en una comunidad espiritual, donde aproveché el medio aislamiento para nutrirme de naturaleza, leer y tocar muchas músicas. Cuando decidí irme a Cochabamba para hacer acciones del proyecto, sabía que sería difícil volver a acostumbrarme con la ciudad, su humo y su dolor, pero también me sentía lista para hacer el proyecto.

3- En Cocha, estuve con los estudiantes de la Universidad San Simón que estaban conmemorando un año de que habían  tomado la universidad para garantir la autonomía estudiantil. Ver los videos de su lucha, de cómo resistieron contra matones contratados por poderosos para lastimarlos y como la mamá de un chico que está en coma, desde aquella lucha, los fue a encontrar en ese un año cumplido. Sin miedo, pidiendo más. Las elecciones estudiantiles están llegando y ellos están ahí, con manifestaciones, paros, ruidos, si necesario. Sin miedo, a pesar de la violencia que les tiran los que quieren mandar.

4-Otro día estaba caminando al centro. Escuche de lejos voces gritando a la alcaderia. Me acerqué. Me quede exactamente al lado del confronto. Era gente simples que había pegado cartelesde denuncia al gobierno municipal cochabambino que les impedía de tener sus puestos para vender a los turistas. Ellos gritaban: corruptos e hacían ruido chocando una botella de plástico con otra y diziam: “No tenemos miedo, carajo”. Al ver aquellas señoras, muchas de edad, y señores viejitos en esa marcha, me di cuenta de todo lo que me había pasado y también de que el miedo me estaba rondando. Así, pasado algunos minutos, crucé la calle para sacar fotos del sucedido, y de la nada vinieron cuatro mujeres corriendo en mi dirección y en la de un hombre que también sacaba fotos.  A él le tiraron coca-cola en la cabeza, preguntándole de donde era y porque estaba filmando. Le mandaron irse. Lógicamente, yo era la próxima. Constatando eso, podría haberme corrido. Pero no, mi pecho y mi honradez hablaron más alto. Me quedé. Una chica de pollera, muy fuerte, que debería ser máximo 10 años más grande que yo, pero que de altura ni siquiera llegaba a mi hombro, quería pelear conmigo, que por que estaba sacando fotos, y antes de recibir un puñetazo o gaseosa en la cabeza, tranquilamente les dije: “No, yo estaba ahí, estoy al lado de ustedes, si quieren les muestro las fotos o las borro”. Mientras hablaba la chica enfurecida me gritaba, pero por alguna razón, la señora líder dijo: “a la chica no le haga nada, déjala”. Y así me liberaron. Me gustaría mucho saber porque no quiso hacerme daño.

5-Para apeorar en esos días me robaron discretamente un tercio de mi plata en un lugar que me quedé(Porfis, no tengan lastima de mi o comenten eso pq ya fue). Podría quedarme callada y no contarles. Pero si mi compromiso es buscar la América Latina desde adentro, no les puedo ocultar algo así. Ni todos son flores. Con esa experiencia, sentí un rasgo que nos lastima mucho: la corrupción, la violencia, el desamor. Amigos bolivianos, no creo que esa experiencia tenga algo que ver particularmente con Bolivia, pero con todos los pueblos latinoamericanos. Pasar por eso, me dio un poco más de perspectiva de cómo es hacer parte de este mundo americano, que aún sufre por no reconocer sus hermanos, porque robar es eso, no reconocer el trabajo, la vida de uno.

Después de dos meses y una semana, me fui de Bolivia. Al entrar en el bus para irme; nueva noticia: había un paro y tendríamos que caminar 1 km con nuestro equipaje. En mi ser pensé: esa situación es muy poética. Llegue en este país con un paro y me voy con otro. Pasé por situaciones desoladoras y profundas. No podría haber despedida más real. Al bajar del bus y empezar a cargar mis dos mochilas pesadas y mi guitarra, al ver los campesinos sentados en el bloqueo, y al caminar llena de dolor y cansancio, miré al cielo y a las estrellas, y comprendí.  Yo viajo para conocer la América Profunda. Y el corazón de América se abrió para mí, con su parte mágica, ancestral y fuerte, mucha gente comprometida y linda (que hablaré en otro post), pero también con su parte pesada: miedo, machismo, corrupción. Esa era la lección que el corazón de América me daba. No tener miedo, seguir, mismo que sea mujer (aún mas) , que la realidad sea dura.

Queria encerrar ese capítulo de bitácora diciendo lo que gane de toda esa experiencia, pero por ahora solo puedo entender una parte. Lo que les puedo decir y que entendí bien, es que aprendí con las señoras de pollera, a gritar y a luchar por mis derechos. Aprendí que bloquear una carretera puede ser muy útil si el pueblo necesita. Aprendí que es duro ser explotado y que no me voy a callar. Que un buen boliviano, toma sus ojos indescifrables y enfrenta lo que le pasa. Creo que eso se quedó. Por ahora es lo que les puedo decir, no tengo miedo carajo.  Fue una gran escuela.

DIÁRIO # 7 – BOLIVIA: Não temos medo, caramba.

Eu sonhei tanto com vir a Bolívia. Encarava esse país tão potente culturalmente como o coração da América, um lugar profundo por ser o guardião de múltiplas culturas originárias. Mas nem tudo nas viagens são fáceis. Nem tudo é lindo ou feliz, mas sim que é REAL, e se eu encarava Bolívia como potente não poderia esperar uma experiência distinta. Por fim pude me perguntar, qual é a condição do coração da América.

Os antecedentes não foram fáceis. Minha última semana na Argentina foi muito linda e cheia de despedidas, mas também com um episódio desagradável (prefiro não falar sobre isso) que me deixou super mal e assustada, em relação a minha viagem e a minha existência. Ademais que muita gente começou a me encher de medo em relação ao país que ia a visitar. “Não chegue a Villazon pela noite porque te roubarão”, “Eu conheço turistas que perderam todas as suas coisas”, “É mulher e branca, sozinha, você está louca?, muito cuidado!”.

Mesmo assim tomei meu coração latino-americano, meus pés de caminhante e minha pele viajante e fui. Cheguei cedo a La Quiaca acompanhada por dois argentinos, por isso estava tranquila, pois um deles me disse que iria a Potosi comigo, mas de repente decidiu ir a Uyuni. Eu sabia que estaria só. Mesmo assim, ainda estava tudo bem, pois haviam ônibus para Potosi cedo. O tomei as 14, confiante que chegaria lá as 19, 20 da noite, horário seguro para encontrar hospedagem.

Me sentia emocionada e esquecida por um tempo do medo. As montanhas fantásticas e a rota me enchiam de assombro positivo, as paisagens são fantásticas – parecem de outro mundo, não podia crer no que via, também fiz uma amiga e estava indo tudo muito bem, porém, minha intuição me sinalizava algo, eu o pressentia.

Assim que foi por volta das 16, uns quiilometros acima de Tupiza, o ônibus parou. As cholitas (senhoras de saia, chapéu, que são a figura mais fascinante do país), se enfureceram e desceram do ônibus, para ver o que estava passando, Minha amiga me encorajou a ir com ela, para ver o que estava passando. Por ser estrangeira, não levei câmera e fui muito cautelosa, mas não pude deixar de participar. As cholitas seguiam adiante gritando em direção aos manifestantes que estavam bloqueando a estrada com pedras e terra. Ao chegar ao meio do caminho, jogaram dinamites no ar. Muitos pararam, outras continuaram a correr em direção ao conflito. Homens corriam entre as montanhas, fechando os caminhos alternativos. Houve confrontação, detenção de policiais, organização das pessoas dos ônibus para brigar, mas não houve maneira. Terminamos todos nos nossos ônibus, eu sozinha no meu assento, pois minha amiga foi embora caminhando com sua equipagem pesada a encontrar sua “guagua” (bebê em quéchua) na casa de sua mãe, uns quilômetros dali.

Aí senti o medo, a combinação de coisas que me estavam passando pelo caminho. Tirei meu Japamala de orações e comecei a rezar minha kaballah e outras orações. Poucas vezes me senti tão desolada durante a viagem e durante a vida. Depois de uns minutos rezando senti a energia positiva me dominando. Já era de noite. As pessoas dos ônibus começaram a distribuir comida. Eu não pedi nada por ser vegetariana, mas uma senhora linda me deu de presente uma pamonha. Eu comecei a rezar para ficarmos até a manhã ali, assim não teria risco de chegar em mau horário em Potosi. Mas quando eram as 23, os manifestantes foram dormir e os motoristas começaram a romper o bloqueio,  o que demorou uns 20 minutos de avançar e retroceder espaços e arriscar a saúde do veículo. Merdaaaaaaaaaaa! O que eu não queria que passasse estava passando. Chegaria a Potosi pela madrugada. Por fim comecei a falar com as pessoas e pedi ajuda, não muitos me levaram a sério e uns senhores inclusive me colocaram medo. Estava perdida mas não disposta a desistir. Concordei com um senhora para que fosse comigo em taxi até uma hospedagem segura. Ao final consegui um lugar. Tateava o medo de perto.

O outro dia fui atrás de uma acomodação mais ao centro e barato. Ainda estava assustada. Conheci uma senhora que nas folhas de coca me mostrou que as coisas que eram aparentemente más eram um teste, assim entendi, a necessidade de ser forte no propósito, quão grande é o meu trabalho para que eu não desista?, quanto acredito e amo esse caminho para não desistir apesar dessas questões desagradáveis?

Na minha estadia boliviano, diversos acontecimentos me colocaram em frente ao medo, com os riscos dos caminhos.

1-      Fui conhecer a mineira do Morro Rico de Potosí. Me irritei porque os turistas tiravam fotos com dinamites de plástico gigantes, fazendo poses, como se o trabalho de mineiro fosse o mais divertido e engraçado, não podia conceber tal absurdo. Eu estava séria e muito interessada no que ia ver. Ao entrar na mina, vi os mineiros trabalhando arduamente, com o conhecimento, desde crianças, que todos os dias estão arriscando sua vida, que podem explodir a parede errada e morrer soterrados. Tem coragem mais forte? Esse sentimento foi, pouco a pouco, pintando minha pele.

2-Depois fui a Quillacollo e Cochabamba. Estive 10 dias em um retiro de meditação que se chama Vipassana, todo esse tempo sem falar e meditando por muitas horas ao dia. Aí confrontei meus demônios e corações e pude me distanciar de tudo. Depois estive dois semanas em uma comunidade espiritual, onde aproveitei o meio isolamento para me nutrir de natureza, ler e tocar muitas músicas. Quando decidi ir a Cochabamba, para fazer ações do projeto, sabia que seria difícil voltar a me acostumar com a cidade, sua fumaça e sua dor, mas também me sentia preparada para fazer o projeto.

 

3- Em Cocha, estive com os estudantes da Universidade San Simón que estavam comemorando um ano de que haviam tomado a universidade para garantir a autonomia estudantil. Ver os vídeos de sua luta, de como resistiram contra assassinos contratados por poderosos para machuca-los e como a mãe de um rapaz que está em coma, desde aquela luta, os foi encontrar nesse um ano cumprido. Sem medo, pedindo mais. As eleições estudantis estão chegando e eles estão aí, com manifestações, bloqueios, barulho, se necessário. Sem medo, apesar da violência que lhes direcionam os que querem mandar.

4- Outro dia caminhava no centro. Escutei de longe vozes gritando a prefeitura. Cheguei perto. Fiquei exatamente ao lado do confronto. Eram gente simples que haviam colado cartazes de denuncia ao governo municipal cochabambino que os impedia de ter suas barracas para vender aos turistas. Eles gritavam : corruptos e faziam barulho batendo uma garrafa de plástico com outra e diziam: “Não temos medo, caramba”. Ao ver aquelas senhoras, muitas de idade, e senhores também velhinhos nessa marcha, me dei conta de tudo o que me havia passado e também de que o medo estava me rodeando. Assim, passado alguns minutos, atravessei a rua para tirar fotos da manifestação, e do nada vieram quatro mulheres correndo na minha direção e na de um homem que também tirava fotos. Nele, jogaram coca-cola na cabeça, lhe perguntando de onde era e porque estava filmando. Lhe mandaram ir embora. Logicamente, eu era a próxima. Constatando isso, poderia ter corrido. Mas não, meu peito e minha honradez falaram mais alto. Fiquei. Uma moça de saia (cholita), muito forte, que deveria ser máximo 10 anos mais velha que eu, mas que de altura nem sequer chegava aos meus ombros, queria brigar comigo, porque estava tirando fotos, e antes de receber um soco ou refrigerante na cabeça, tranquilamente lhes disse: “Não, eu estava aí, estou no lado de vocês, se vocês quiserem lhes mostrarei as fotos ou as apago”. Enquanto falava a moça enfurecida me gritava, mas por alguma razão a senhora líder disse: “não façam nada com a menina, deixe-a”. E assim me liberaram. Eu gostaria muito de saber porque não quiseram me agredir.

5- Para piorar, nesses días me roubaram discretamente um terço do meu dinheiro em um lugar que eu fiquei (Por favor, não sintam pena de mim ou comentem isso porque já passou). Poderia ficar calada e não lhes contar. Mas se meu compromisso é buscar a América Latina desde dentro, não posso ocultar algo assim. Nem tudo são flores. Com essa experiência, sentir um traço que nos machuca muito: a corrupção, a violência, o desamor. Amigos bolivianos, não acredito que essa experiência tenha algo que ver particularmente com a Bolivia, mas com todos os povos latino-americanos. Passar por isso, me dá um pouco mais de perspectiva de como é fazer parte deste mundo americano, que ainda sofre por não reconhecer a seus irmãos, porque roubar é isso, não reconhecer o trabalho, a vida de alguém.

 

Depois de dois meses e uma semana, fui embora de Bolívia. Ao entrar no ônibus para ir: nova noticia: havia uma parada e teríamos que caminhar 1 km com nossa equipagem. No meu ser pensei: essa situação é muito poética. Cheguei nesse país com um bloqueio e vou embora com outro. Passei por situações desoladoras e profundas.  Não poderia ter despedida mais real. Ao descer do ônibus e começar a carregar minha dois mochilas pesadas e minha guitarra, ao ver o céu e as estrelas, e compreendi. Eu viajo para conhecer a América Profunda. E o coração de América se abriu para mim, com sua parte mágica, ancestral e forte, muita gente comprometida e linda (que falarei em outro post), mas também com sua parte pesada: medo, machismo, corrupção. Essa era a lição que o coração da América me dava. Não ter medo, seguir , mesmo que seja mulher (ainda mais), e que a realidade seja dura.

Queria encerrar esse capítulo do diario dizendo o que ganhei de toda essa experiencia, mas agora só posso explicar isso. O que lhes posso dizer e que entendi bem, é que aprendi com as senhoras de saia, a gritar e a lutar pelos meus direitos. Aprendi que é duro ser explorado e que não vou me calar. Que um bom boliviano, toma seus olhos indescifráveis e enfrente o que passa. Acho que isso ficou. Agora é o que lhes posso dizer, não tenho medo, caramba! Foi uma grande escola.