Diario #9 – BOLIVIA: Jamusan jallpa ripusunqui (De la tierra venimos y a la tierra volveremos)/ Diario #9- BOLÍVIA: Jamusan jallpa ripusunqui (Da terra viemos e à terra voltaremos)

Es cierto que Bolivia no fue tan fácil para mi (vea en ultimo diario) pero también es cierto que fue el lugar que más me regalo lo que busco con ese viaje: conexión con la tierra, ancestralidad y diversidad cultural.

En mi primera noche boliviana, en Potosi, tuve la oportunidad de mascar coca con legia y tomar singani con unos guias fantásticos  por algunas horas en la noche y aprender muchos saberes. Antonio, guía y ex minero me enseno la expresión en quechua potosino: “Jamusan jallpa ripusunqui” (De la tierra venimos y a la tierra vamos). Con ese lema vi mi vida en ese país transcurrir y les quiero documentar en que sentido.

COMIDA: Es lo más importante que viene de la tierra. Lo que nos permite vivir y ser quienes somos (tú eres lo que comes). En Bolivia, aprendí a comer distinto y creativo. Empezamos por la papa: camote, papa lisa, papas chiquitas con sal grueso, papas medianas y marrones con cebolla y ajo y principalmente el chuño (papas que fueron congeladas en la tierra o agua). También el choclo, como alimento, con unos granos gigantes o chiquitos, con queso o en un plato con arroz. Y las ricas habas, que tanto amo. Imaginate ahora, todos esos ingredientes cocinados bajo tierra? Fue así que en Santa Lucia, también gracias a los guias de Potosí, presencié la construcción de una watia (comida cocinada en la tierra). Se construye a partir de un hueco en la tierra y un conjunto de piedras, un horno y después con las cenizas de fuego se pone la comida y se cubre con papel y tierra, por más o menos, una hora, cuando tienes que sacar la tierra, adivinando y rezando, que va a estar lista la comida. Hicimos con amigos campesinos, cosechando al momento, alimientos para la watia, y fue una de las experiencias más fuertes en mi vida! Cuando abrimos el horno y comimos, los alimentos tenían cierto sabor a la tierra, y yo me sentí, como parte de la naturaleza, ahí sentada en el barro, comendo con mis manos, un alimento tan rico.  También alimente mi alma con los pancitos: llaucha (con una crema de leche y queso), cuñape (parecido con el pão de queijo), pastel, siempre acompañado por el API (definitivamente mi favorito de todo) – bebida consistente y caliente a base de choclo morado Puedo hablar también de otros platos como: papa a la huancaína, sopa de mani, arroz cremoso, chorrellana (salsa de tomate y cebolla calida, obvio que preferí la opción vegetariana), pastel de quinua. A una amiga española le llamo la atención como los bolivianos comen fideos (de manera muy distinta a los occidentales) y digo que mi estómago aprendió que es posible vivir sin queso y tomate pues puedes cocinar simplesmente con la variedad que la tierra te da. Al probar esos alimentos, en gran parte, orgánicos, me llené de posibilidades para el futuro y de esperanza que América garantizara su variedad de semillas.

NATURALEZA: Desde el momento que puse mis pies en el país hasta el momento en que me fui, no dejé de vislumbrarme con los increíbles paisajes que tiene el país.  Vegetaciones diversas, ríos y lagos y principalmente: los cerros (cordilleranos o no). En Uyuni se puede ver el desierto de sal, a lo lejos, adornado por cerros hermosos. Pero mi cerro favorito, con seguridad, es el Illimani, que está alrededor de La Paz, pero se puede ver, desde dos horas antes de llegar y hasta su puntita por el lago Titikaka.  Y ese lago, ay como no tengo palabras para explicar la belleza de su color y de sus islas tan verdes y llenas de plantío. Es imposible no conectarse con la naturaleza en ese país, por lo que está por todas partes (un pedazito se muestra en las grandes ciudades también), yuno empieza incluso a creer que existen seres de la naturaleza, porque los paisajes son indudablemente mágicos y aún más linda es la experiencia cuando puedes ver los animales de la región. Llamas, alpacas, vicuñas, ovejas; en los campos y a veces hasta en las rutas, declamándose las verdaderas dueñas de la tierra. Con animales hay dos experiencias que no puedo dejar de nombrar: cuando con dos amigos estábamos comiendo sándwiches en una montaña y un águila quedo en unos ramos, arriba de nosotros, muy cerca, mirando nuestra comida; pero nos posibilitando verlo y contemplarlo; y la otra, cuando vi zuris (animal sagrado para muchas culturas) corriendo en un campo de Uyuni. Un regalo del universo estar presente para ver que aún la naturaleza es parte del mundo.

LENGUAS: En todas las localidades que estuve, encontraba gente hablando el aymara y el quechua (lenguas originarias de la región), me parecía una música a los oídos y también me daba fe de que lo originario persiste fuerte, porque seguramente esas lenguas también traen enseñanzas y cultura viva.  Tenía ganas de aprender el quechua, pero nunca encontré mi maestro; sigo con ganas de aprender.

CULTURA CALLEJERA: Nunca encontré tanta gente vendiendo cosas en la calle, en toda mi vida. Sea en carpas, ferias, caminando con su recipiente, o ollas llenas de comida protegidas por aguayos (mantel originario). En la calle, se encuentra de todo! Comida, productos chinos, dvds, jugos, medicina, brujería. Puedes incluso tocar música que no te van a frenar! Bolivia es un espacio vivo de cultura, que por supuesto, es muy apreciada por la gente. Existe una libertad artística y de intercambio comercial digna de una nación que no se dejó llevar mucho por el capitalismo.  Ahora viendo Peru y Ecuador (donde necesitas permiso para cualquier cosa), extraño bastante esa libertad boliviana de subsistir en las calles; inigualable, enserio.

LA GENTE: Ya me di cuenta que viajo por las personas y no por los lugares. Siempre me sorprendo por las personas que voy encontrando. Conocí mucha gente en ese país consciente de sus orígenes y retos, jóvenes llenos de fuerza y lucha y gente grande llena de historias y saberes para contar. Aprendí sobre las minerías y las rocas, la vegetación y el alimento, el pasado y el presente, las luchas del país, la música y la cultura. Tanto que fue el país que más hice acciones del proyecto. Charlas, talleres y música, estuvieron presentes a todo momento. Con los amigos llevo lo mejor, desde las guitarreadas hasta las cervezas en los bares. Les agradezco porque les siento conectados a la tierra, mismo que muchas veces lleven una vida super urbana, con ustedes aprendí más de lo que enseñe, con seguridad. Llevaré la mirada color a tierra de ustedes en mi corazón junto con la fuerza y el arte!

Podría escribir unas treinta páginas de todas las experiencias bolivianas que tuve, pero el espacio no me da. Asi que comenté lo que más me quedo. Y estoy feliz de haber tenido la oportunidad de realmente conocer culturas tan distintas a la mia y haber tenido que adaptarme a todas las diferencias. Si algunas cosas fueron difíciles, el resultado valió más la pena, que fue estar segura de mi conexión con la tierra y con lo ancestral, de algunos saberes que podré llevar a mi vida y también criticar la sociedad europeizada en la que vivo yo. Desde la presencia originaria, campesina y juvenil, se que este país aporto mucho a lo que sería nuestra América de adentro. La seguridad que tengo es que: el occidente no gana la cultura originaria, y eso ya es más de lo que pedí.

Diário #9- BOLÍVIA: Jamusan jallpa ripusunqui (Da terra viemos e à terra voltaremos)

É verdade que a Bolívia não foi tão fácil para mim (veja no último diário) mas também é verdade que foi o lugar que mais me presenteou o que busco nessa viagem: conexão com a terra, ancestralidade e diversidade cultural.

Na minha primeira noite boliviana, em Potosi, tive a oportunidade de mascar coca com legia e tomar singani com uns guias fantásticos por algumas horas de noite e aprender muitos saberes. Antonio, guia e ex mineiro me ensinou a expressão em quéchua de Potosi: “Jamusan jallpa ripusunqui” (Da terra viemos e à terra voltaremos). Com esse lema vi minha vida nesse país transcorrer e lhes quero documentar em que sentido.

COMIDA: É o mais importante que vem da terra. O que nos permite viver e ser quem somos (você é o que come). Na Bolívia, aprendi a comer de maneira diferente e criativa. Começemos pela batata:  camote, papa lisa, batatas pequenas com sal grosso, batatas médias e marrons com cebola e alho e principalemente o chuño (batas que foram congeladas na terra ou água). Também o milho, como alimento, com uns grãos gigantes ou pequenos, com queijo ou em um prato com arroz. E as deliciosas habas, que tanto amo. Imagine agora, todos esses ingredientes cozinhados dentro da terra? Foi assim que em Santa Lucia, também graças aos guias de Potosí, presenciei a construção de uma watia (comida cozinhada na terra). Se constrói a partir de um buraco na terra e um conjunto de pedras, um forno e depois com as cinzas do fogo, coloca a comida e  a cubre com papel e terra, por mais ou menos, uma hora, quanto tem que tirar a terra, adivinhando e rezando, que vai estar pronta a comida. Fizemos com amigos camponeses, colhendo no momentos, alimentos para a watia, e foi uma das experiências mais fortes da minha vida! Quando abrimos o forno e comemos, os alimentos tinham certo sabor a terra, e eu me senti, como parte da natureza, aí sentada no barro, comendo com as minhas mãos, um alimento tão rico. Também alimentei minha alma com os pãezinhos: llaucha (com um creme de leite e queijo) cuñape (parecido com o pão de queijo), pastel sempre acompanhado pelo API (definitivamente meu favorito de tudo) – bebia consistente e quente a base de milho roxo. Posso falar também de outros pratos como: papa a la huancaina, sopa de amendoim, arroz cremoso, chorrellana (molho de tomate com cebola quente, obvio que preferi a versão vegetariana), pastel de quinua. A uma amiga espanhola lhe chamo a atenção como os bolivianos comem macarrão (de maneira muito diferente aos ocidentais) e digo que meu estomago aprendeu que é possível viver sem queijo e tomate, pois você pode cozinhar simplesmente com a variedade que a terra te dá. Ao provar esses alimentos, em grande parte, orgânicos, me enchi de possibilidades para o futuro e de esperança que América garantirá sua variedade de sementes.

NATUREZA: Desde o momento que pus meus pés nos país até o momento em que fui embora, não deixei de me vislumbrar com as paisagens incríveis que tem o país. Vegetações diversas, rios e lagos e principalmente: as montanhas (parte da cordilheira ou não). Em Uyuni, é possível ver o deserto de sal, longe, enfeitado por montanhas maravilhosas. Mas meu morro favorito, com certeza é o Illimani, que está ao redor de La Paz, mas que já se deixa ver, desde duas horas antes de chegar e até sua ponta pelo lago Titikaka. E esse lado, não tenho palavras para explicar a beleza da sua cor e de suas ilhas tão verdes e cheias de plantios. É impossível não se conectar com a natureza nesse país, porque está por todas partes ( um pedacinho sempre se mostra nas grandes cidades também), e assim começamos a acreditar que existem seres da natureza, porque as paisagens são, sem dúvida, mágicos e ainda mais linda é a experiência quando pode ver os animais da região. Llamas, alpacas, vicuñas, ovelhas; nos campos e as vezes até nas estradas, declamando-se os verdadeiros donos da terra. Com animais há duas experiências que não posso deixar de nomear: quando com dos amigos estávamos comendo sanduiches em uma montanha e uma águia pousou em um dos galhos de uma árvore, em cima de nós, muito perto, olhando nossa comida; mas nos possibilitando vê-la e contemplá-la; e a outra, quando vi zuris (animal sagrado para muitas culturas) correndo em um campo de Uyuni. Um presente do universo estar presente para ver que ainda a natureza é parte do mundo.

 

LÍNGUAS: Em todos os locais que estive, encontrava gente falando aymara e quéchua (línguas indígenas da região), me parecia uma música aos ouvidos e também me dava fé de que o originário persiste forte, porque com certeza, essas línguas também trazem ensinamentos e cultura viva. Tinha vontade de aprender o quéchua, mas nunca encontrei um professor; sigo com vontade de aprender.

CULTURA DE RUA: Nunca encontrei tanta gente vendendo coisas na rua, em toda minha vida. Seja em barracas, feiras, caminhando com seu recipiente, o panelas cheias de comida protegida por aguayos (mantas indígenas). Na rua, se encontra de tudo! Comida, produtos chineses, dvds, sucos, remédios naturais, bruxaria. Você pode inclusive tocar música que não te vão impedir! Bolívia é um espaço vivo de cultura, que com certeza, é muito apreciada pela gente. Existe uma liberdade artísticas e de intercambio comercial digna de uma nação que não se deixou levar muito pelo capitalismo. Agora vendo Peru e Equador (onde é necessário pedir permissão para qualquer coisa), sinto bastante falta dessa liberdade boliviana de subsistir nas ruas; inigualável, sério.

AS PESSOAS: Já me dei conta que viajo pelas pessoas e não pelos lugares. Sempre me surpreendo pelas pessoas que vou encontrando. Conheci muita gente nesse país consciente de suas origens e desafios, jovens cheios de força e luta e gente grande cheia de histórias e saberes para contar. Aprendi sobre as minas e as rochas, a vegetação e o alimento, o passado e o presente, as lutas do país, a música e a cultura. Tanto que foi o país que mais fiz ações do projeto. Conversas, oficinas e músicas, estiveram presentes a todo momento. Com os amigos levo o melhor desde as guitarreadas até as cervejas nos bares. Lhes agradeço porque lhes sinto conectados a terra, mesmo que muitas vezes levem uma vida super urbana, com vocês aprendi mais do que ensinei, com certeza. Levarei o olhar cor de terra de vocês, junto com a força e arte.

Poderia escrever umas trinta páginas de todas as experiências bolivianas que tive, mas não há espaço. Assim que comentei o que mais me ficou gravado. E estou feliz de ter tido a oportunidade de realmente conhecer culturas tão distintas a minha e ter tido que me adaptar a todas as diferenças. Se algumas coisas foram difíceis, o resultado valeu mais a pena, que foi ter a certeza da minha conexão com a terra e com o ancestral, de alguns saberes que poderei levar a minha vida e também criticar a sociedade europeizada em que vivo. Desde a presença originária, camponesa e juvenil, sei que esse país aportou muito ao que seria nossa América desde dentro. A certeza que tenho é que: o ocidente não vence a cultura originária, e isso já é mais do que pedi.