Diario #10 – PERU: Reencuentros y encuentros por reencontrar

Perú es como un ciclo en mi vida, de tiempos en tiempos, siempre vuelve, o al mejor, yo tengo que volver. Así que, saliendo de la experiencia boliviana, la más linda pero la más cruda de mi viaje,  sentí una gran felicidad y alivio, al adentrar en territorio no más desconocido, a una tierra que tanto me dio conocimiento y felicidad, en mis pasados viajes en 2013 y 2010. Como una niña que vuelve a uno de sus lugares favoritos, adentré ese país, sabiendo que de alguna manera reencontraría con mi pasado y sembraría nuevas miradas, pues quería explorar algunos nuevos lugares.

Me direccionaba a Arequipa, ciudad que siempre quise conocer, pero había que cambiar de bus en Puno. Eran cerca de las dos de la mañana, y yo vi de lejos a la ciudad bañada también por el hermoso lago Titikaka. Al bajar en la terminal, ya conocida, recordé mi pasó el 2013 por tal hermosa tierra! Recordé mis recién cumplidos 20 años yla sensación de estar en una aventura, recordé la sorpresa de los colores de la Fiesta de la Virgen de la Candelaria y mi cabeza tranquila y pura.  Fue todo lo que me dio tiempo de pensar y correr para tomar el nuevo bus.

 “No se nace en vano al pie de volcanes”, dice el escritor arequipeño Mariano Melgar. Yo diría: los volcanes; Misti, Chachani y Pichu Pichu rondan la ciudad, mas como amigos que enemigos, por muchas razones. Gracias a esas bellezas volcánicas, Arequipa tiene sus grandes construcciones de color y piedras tan originales, bellas, como nunca he encontrado en toda mi vida.  De un gris y blanco volcánico adornado por dibujos con influencia Misti (pueblos preincaicos), que hacen el arequipeño muy original y orgulloso de su origen.  Es la ciudad más linda que he conocido en todo Perú, debo reconocer. Con una mezcla increíble, tiene desarrollo y una gran influencia extranjera, con una plaza de armas gigante, callejuelas que parecen Paris y en esos días un montón de escuelas de inglés, que impacta pero no logra desaparecer con sus almacenes vendiendo humitas, api con pastel, sus cholitas vendiendo palomita y huevitos de codorniz, con su mercado lleno de tiendas de brujería y cevicherias. Esa mezcla es tan rara, original y bella como el jugo de berenjena y piña que vendían en el mercado. Por un lado me sentía más tranquila por ver una ciudad más organizada, limpia e imponente de todas que había visto en esta etapa del viaje, pero por otro, seguía encontrando a los pueblos andinos y una energía que era asegurada por el cañón del Colca (que infelizmente no tuve tiempo de conocer) . Fue con toda esa energía que toqué música en algunos sitios públicos (hasta que la policía me sacó de la calle - un “avanzo” occidental, que no tiene nada de bueno, solo de exclusión), pero más importante, encontré mucha gente buena, que mismo sin conocerme, me apoyó en mi proyecto, lo que me posibilitó hacer un video, taller, presentación musical y hasta participar de dos entrevistas de radio (una televisionada). También conocí a alguien lindo que me regaló momentos preciosos, y sorprendentemente, me encontré pensándole con amor en mi largo trayecto hacia Lima hasta ahora,  las ventajas de viajar a corazón abierto.

De ahí, me direccione a Lima, en un viaje largo pero no aburrido de 16 horas; unas tres horas antes de llegar, empezó una neblina muy fuerte, que parecía la transición de un mundo a otro. Y lo fue. Me caché en un choque grande por ese encuentro, pues fue mi desconexión de los Andes y mi llegada a la costa, mi desconexión de la vida del campesino al lado de la Pachamama para llegar a una vida agitada, llena de consumo pero también cultura, donde mucho me asusté, desde la voz alta y extrovertida del limeño, hasta la cuantidad de autos, propagandas y ruidos. No era que no conocía ese mundo, pues había estado en Lima el 2010, pero me había acostumbrado con otra realidad. Me quedé en la casa de la mamá de una amiga, en el barrio San Miguel, y de ahí emprendía viajes al centro, Barranco y Miraflores. Fue loco el encuentro con mi Larissa de 6 años antes, que viajaba con la abuela y tenía los ojos llenos de asombro, que daba risas pausadas y se portaba como turista. La vi con amoren la puerta de la Catedral, frente al monasterio SanFrancisco y en la Plaza de los Enamorados. Supe reconocer con orgullo lo que me había vuelto, de mi crecimiento y acciones, pero extrañe con cierto dolor, mi inocencia y creencias del 2010. Así que si Lima fue un gran reencuentro con mi ser pasado, también me posibilitó reencontrar una amiga valdiviana que no veía desde el viaje por Chile, con ella reencontrar el pacífico e ir al mercado con ella, ganar nuevamente el tonito chileno,  y tener nuevos encuentros, con amigos que quedarán por siempre y me dan ganas de reencontrar. Gente, que nuevamente, sin conocerme, abrió la puerta de sus casas y sus vidas para mí, de una manera, que me hizo sentir bien. En Lima se concentra toda la cultura de capital globalizada, con gente de todo el país, lo más lindo!! Así empecé a tocar (o mejor escuchar), la cultura afroperuana, salsa en los buses, productos orgánicos en ferias, probé la chicha de jora, mazamorra, ensaladitas frescas y con mucho limón., ; pero también vi una aculturación forzada (solo vi dos cholitas en todos mis días en la capital y más gente vendiendo comida empaquetada que  comida casera), cultura del miedo y machismo, y también la del pinche capitalismo; no me dejaron tocar música en ningún lugar público. Me fui de ahí rápidamente, pero feliz de reencontrar y conocer tantas nuevas cosas y personas.

 

Después de Lima, estuve en el norte, un lugar que nunca había estado en Perú y que, seguramente, sembró nuevas miradas. Estuve un día en Trujillo y unos cinco en el distrito del Faique, ya en Piura, cerca de Ecuador. Del primero,  fui especialmente para ver las ruinas de Chan Chan, pero encontré mucho más. Las ruinas son increíbles porque son de adobe y hablan de un pueblo marino, preincaico, que tenía representaciones graficas increíbles, una reserva de agua y muchas huacas (lugares sagrados); pero el presente es más fuerte que el pasado, y así, me sorprendí con una paseata contra Fujimori en el centro, que resonaba en alto tono. Me dio fe en la lucha latinoamericana, de verdad.  Ya El Faique, fue otro viaje y otro mundo. Un encuentro de la selva con los andes, en el trópico solo podría proporcionar la vegetación de la más rica.  Una tierra, donde por suerte, aún no hay transgénicos, donde puedes encontrar los mejores valles, y plantaciones, que además de alimentar, adornan. Plantaciones de plátano, café, achiote, entre otros. Un pueblo donde sus habitantes se llaman entre todos como primos y son llenos de cultura peruana ya mezclada con la de Ecuador.  La experiencia ahí fue una de mis favoritas, gracias al Hostal Rural Entre Rosas y Cafetales.  Ahí desde la figura de los hermanos Carlos y Manoela, tuve el mejor hospedaje de mi vida. Ahí te tratan como más uno de la familia y sirven las mejores comidas, hechas con conocimiento y amor. Desde choclo frito, tortillas con productos de la región, jugos de tomatitos de árbol; y charlas en la mesa, donde te cuentan de todo, además de las guitarreadas y poemas de Carlos, todo eso con LA MEJOR vista del pueblo, a todos los ricos valles adornados. Ahí junto con las mariposas y la gran naturaleza, tuve fe de que el mundo sigue vivo y feliz,  y fue una linda manera de despedirme de las tierras peruanas.

Al fin, puedo decir que la etapa peruana del viaje fue muy distinta de mis otros pasos por Perú, pero también fue una confirmación, de cuanto viajar varias veces a un lugar, te hace, poco a poco, conocer más profundamente la cultura. El peruano latinoamericano, desde adentro, es un ser que se divide mucho por su región geográfica, valora mucho su nacionalidad, pero muchas veces no se da cuenta de toda la riqueza que tiene, porque no la conoce bien y se interesa por esa invasión extranjera, que llega desde las minerías internacionales hasta el consumo; ya decía el escritor Manuel Huanqui Hurtado “Nacer en Perú es asumir tácitamente el desafío (…), de asimilar con seriedad todas las experiencias, (…) y gestos de gentes que sin conocer nuestra identidad, nos quieren imponer otras vivencias y otros comportamientos en forma irreverente, sin tomar en consideración nuestra milenaria tradición”.  Lo que no se dan cuenta, los hermanos peruanos, es que antes de los gringos, ellos mismos, muchas veces, no asimilan su nación y LatinoAmérica. Por ejemplo, la sombra inca.  En Perú, se venera el imperio incaico, cuando por más brillante que fuesen, eran imperialistas y conquistaron muchos pueblos en proprio territorio peruano ypor Sudamérica, terminando con culturas mágicas y distintas. Hay que reconocer que la belleza y la riqueza, no se encuentra solo en esos habitantes del oro antiguo, pero en los pueblos mucho más antiguos, también en los pueblos de la Amazonia, los criollos, en los afros creadores de cajón y del festejo,  y también en los nuevos peruanos, que son una mezcla increíble de todo eso, innovando de la mejor manera posible todo su trayecto. Sin esa comprensión y esos encuentros, la gente va seguir teniendo que luchar contra la sombra del fujimorismo o PPK, que nada más representan, una historia de venda al capital extranjero. El peruano, necesita también valorar lo que hay en el resto de LatinoAmérica, pues nuestras conexiones con ese país, son muy importantes para el proprio reconocimiento de ellos (y nuestro). Tenía que decir eso, pues el lector, puede imaginar el aprecio que tengo por esa tierra, y ahora  que ya salí de ella, puedo decir que entré en nuevo ciclo, esperando el momento de, nuevamente, volver al Perú.  

Diário #10 – PERU: Reencontros e encontros para reencontrar.

O Peru é tipo um ciclo na minha vida, de tempos em tempos, sempre volto, ou melhor, tenho que voltar. Assim que, saindo da experiência boliviana, a mais linda mas a mais crua da minha viagem, senti uma grande felicidade e alívio, ao adentrar em território não mais desconhecido, a uma terra que tanto me deu conhecimento e felicidade, nas minhas viagens passadas em 2013 e 2010. Como uma menina que volta a um de seus lugares favoritos, entrei nesse país, sabendo que de alguma maneira reencontraria com o meu passado e plantaria novos olhares, pois queria explorar alguns lugares novos.

Ia em direção a Arequipa, cidade que sempre quis conhecer, mas tinha que mudar de ônibus em Puno. Era perto das duas da manhã, e eu vi de longe a cidade banhada também pelo lindo lago Titikaka. Ao descer na rodoviária, já conhecida, recordei minha passada em 2013 por essa linda terra! Lembrei dos meus 20 anos recém cumpridos e a sensação de estar em uma aventura, lembrei a surpresa das cores da Festa da Virgem da Candelária e minha cabeça tranquila e pura. Foi tudo que me deu tempo de pensar e correr para tomar o novo ônibus.

“Não se nasce em vão ao pé de vulcões”, diz o escritor arequipenho Mariano Melgar. Eu diria: os vulcões; Misti, Chachani e Pichu Pichu rodeiam a cidade, mais como amigos que inimigos, por muitas razões. Graças a essas belezas vulcânicas, Arequipa tem suas grandes construções de cor e pedras tão originais, belas, como nunca encontrei em toda minha vida. De um cinza e branco vulcânico enfeitado por desenhos com influência Misti (povos pré-incaicos), que fazem o arequipenho muito original e orgulhoso da sua origem. É a cidade mais linda que conheci em todo Peru, devo reconhecer. Com uma mistura incrível tem desenvolvimento e uma grande influência estrangeira, com uma praça de armas gigantes, ruelas que parecem Paris e nesses dias um monte de escolas de inglês, que impacta mas não consegue desaparecer com seus armazéns vendendo pamonhas, “api com pastel”, suas “cholitas” vendendo pipoca e ovinhos de codorna, com seu mercado cheio de lojas de bruxarias e ceviches. Essa mistura é tão estranha, bela e original como o suco de berinjela e abacaxi que vendiam no mercado. Por um lado me sentia mais tranquila ao ver uma cidade mais organizada, limpa e imponente de todas que havia visto nesta etapa da viagem, mas por outro, seguia encontrando aos povos andinos e uma energia que era assegurada pelo cânon do Colca (que infelizmente não tive tempo de conhecer). Foi com toda essa energia que toquei musica em alguns lugares públicos (até que a polícia me tirou da rua – um “avanço” ocidental, que não tem nada de bom, só de exclusão), porém mais importante, encontrei muita gente boa, que mesmo sem me conhecer, me apoiou no meu projeto, o que me possibilitou fazer um vídeo, oficina, apresentação musical e até participar de duas entrevistas de rádio (uma televisionada). Também conheci alguém lindo que me presenteou momentos preciosos, e surpreendentemente, me vi pensando-lhe com amor no meu longo trajeto em direção a Lima até agora, as vantagens de viajar de coração aberto.

Daí, fui em direção à Lima, numa viagem larga mas não entediada de 16 horas; umas três horas antes de chegar, começou uma neblina muito forte, que aparecia a transição de um mundo a outro. E foi. Vi-me chocada por esse encontro, pois foi minha desconexão dos Andes e minha chegada a costa, minha desconexão da vida de campo ao lado da Pachamama para chegar a uma vida agitada, cheia de consumo mas também cultura, onde muito me assustei, desde a voz alta e extrovertida do limenho, até a quantidade de carros, propagandas e barulhos. Não era que não conhecia esse mundo, pois havia estado em Lima em 2010, mas me havia acostumado com outra realidade. Fiquei na casa da mãe de uma amiga, no bairro São Miguel, e desde aí empreendia viagens ao centro, Barranco e Miraflores. Foi louco meu encontro com minha Larissa de 6 anos antes, que viajava com a avó e tinha os olhos cheios de assombro, que dava risadas pausadas e se comportava como turista. A vi com amor na porta da Catedral, frente ao monastério São Francisco e na Praça dos Apaixonados. Soube reconhecer com orgulho o que me havia tornado, do meu crescimento e ações, mas também senti falta com certa dor, minha inocência e crenças de 2010.

Então Lima foi um grande reencontro com meu ser antigo,, mas também me possibilitou reencontrar uma amiga de Valdivia que não via desde minha passagem pelo Chile, com ela reencontrar o mar Pacífico e ir ao mercado com ela, ganhar novamente o tom chileno, e ter novos encontros, com amigos que ficarão por sempre em mim e me dão vontade de gerar reencontros. Gente, que novamente, sem me conhecer, abriu a porta das suas casas e suas vidas para mim, de uma maneira, que me fez sentir bem. Em Lima se concentra toda a cultura de capital globalizada, com gente de todo país, o mais lindo! Assim comecei a tocar (ou melhor escutar), a cultura afro-peruana, salsa nos ônibus, produtos orgânicos em feiras, experimentei a “chicha de jora”, mazamorra, saladinhas frescas e com muito limão; mas também vi uma aculturação forçada (só vi duas cholitas em todos os dias na capital e mais gente vendendo comida empacotada que comida caseira), cultura do medo e machismo, e também a do fútil capitalismo; não me deixaram tocar música em nenhum lugar público. Fui embora de Lima rapidamente, mas feliz de reencontrar e conhecer tantas novas coisas e pessoas.

Depois de Lima, estive no norte, um lugar que nunca antes tinha estado e que, com certeza, plantou novos olhares. Estive um dia em Trujillo e uns cinco dias no distrito de Faique, já em Piura, perto do Equador. Do primeiro, fui especialmente para ver as ruínas de Chan Chan, mas encontrei muito mais. As ruínas são incríveis porque são de adobe e falam de um povo marinho, pré-incaico, que tinha representações gráficas incríveis, uma reserva de água e muitas huacas (lugares sagrados); mas o presente é mais forte que o passado, e assim, me surpreendi com uma passeata contra Fujimori no centro, que ressoava em alto tom. Me deu fé na luta latino-americana, de verdade. Já El Faique, foi outra viagem e outro mundo. Um encontro da selva com os andes, no trópico, que só poderia proporcionar a vegetação mais rica. Uma terra, onde por sorte, ainda não há transgênicos, onde você pode encontrar os melhores vales e plantações, que além de alimentar, enfeitam. Plantações de banana, café, achiote, entre outros. Uma vila onde seus habitantes se chamam entre todos de primos e são cheios de cultura peruana já misturada com a do Equador. A experiência aí foi uma das minhas favoritas, graças ao Hostal Rural Entre Rosas y Cafetales. Aí desde a figura dos irmãos Carlos e Manoela, tive a melhor hospedagem da minha vida. Aí te trata como mais um da família e servem as melhores comidas, feitas com conhecimento e amor. Desde o milho frito, tortilhas com produtos da região, sucos de tomatinhos de árvore; e conversas sobre a mesa, onde te contam sobre tudo, além das guitarreadas e poemas de Carlos, tudo isso com A MELHOR vista do povoado, a todos os ricos vales enfeitados. Aí junto com as mariposas e a grande natureza, tive fé de que o mundo segue vivo e feliz, e foi uma linda maneira de me despedir das terras peruanas.

Ao final, posso dizer que a etapa peruana da viagem foi muito diferente das minhas outras passagens pelo Peru, mas também uma confirmação, de quanto viajar várias vezes à um lugar, faz, pouco a pouco, conhecer mais profundamente a cultura. O peruano latino-americano, desde dentro, é um ser que se divide muito por sua região geográfica, valoriza muito sua nacionalidade, mas muitas vezes não se da conta de toda a riqueza que tem, porque não a conhece bem e se interessa por essa invasão estrangeira, que chega desde as minas internacionais até o consumo; já dizia o escritor Manuel Huanqui Hurtado “Nascer no Peru é assumir tacitamente o desafio(...), de assimilar com seriedade todas as experiências, (...) e gestos de pessoas que sem conhecer nossa identidade, nos querem impor outras vivências e outros comportamentos de forma irreverente, sem levar em consideração nossa milenária tradição”. O que não percebem, os irmãos peruanos, é que antes dos gringos, eles mesmos, muitas vezes, não assimilam sua nação e a América Latina. Um exemplo é a sombra inca. No Peru, muito se venera o império inca, quando por mais brilhantes que fossem, eram imperialistas e conquistaram muitos povos em próprio território peruano e ao redor da América do Sul, terminando com culturas mágicas e distintas. Há que reconhecer que a beleza e a riqueza, não se encontram só nesses habitantes do ouro antigo, mas em povos muito mais antigos, também nos povos da Amazônia, nos descendentes de europeus, nos afros criadores do “cajón” e do “festejo”, e também nos novos peruanos, que são uma mistura incrível de tudo isso, inovando da melhor maneira possível todo seu trajeto. Sem essa compreensão e esses encontros, as pessoas vão ter que seguir lutando contra a sombra do fujimorismo o PPK, que nada mais representam, que uma história de venda ao capital estrangeiro. O peruano, necessita, também valorizar o que há no resto da América Latina, pois nossas conexões com esse país, são muito importantes para o próprio reconhecimento deles (e nosso). Tinha que dizer isso, pois o leitor, pode imaginar o apreço que tenho por essa terra, e agora que já saí dela, posso dizer que entrei em um novo ciclo, esperando o momento de, novamente, voltar ao Peru.